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Actualizado 9 mayo 2012
Alabad al Señor que la música es buena
El canto litúrgico, es decir, aquel que forma parte de la naturaleza de la liturgia, aquel que debe responder y convenir a una acción sagrada litúrgica, debe poseer, santidad, belleza en las formas, tanto en música como en texto.
 
El canto litúrgico, lejos de ser un añadido superficial, es connatural al culto litúrgico; de ahí que debe ser cuidado, educado, potenciado; tal vez hoy pulido, es decir, purificado de tantas canciones y ritmos ajenos a la liturgia pero que se han introducido con tal de ´cantar´ y ´entretener´ en la liturgia.
 
"El canto sagrado, unido a las palabras constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne" (SC 112).
 
Música, instrumentos y voces se unen elevando al Señor la plegaria y la alabanza, la adoración y la acción de gracias, la contemplación y la respuesta.
 
Ya dice el salmo 150:
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todos los instrumentos y voces unidos en la alabanza. El órgano es el instrumento más adecuado, sin desdeñar otros que cuadren con el tono sagrado y orante de la liturgia: 
 
"Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales. En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento de la autoridad eclesiástica territorial competente, a tenor de los arts. 22 § 2; 37 y 40, siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles" (SC 120).
 
La belleza de la música y del canto litúrgico es tan importante como la ortodoxia y verdad de la letra, de aquello que se canta.
 
"Es necesario descubrir y vivir constantemente la belleza de la oración y de la liturgia. Hay que orar a Dios no sólo con fórmulas teológicamente exactas, sino también de modo hermoso y digno.
 
A este respecto, la comunidad cristiana debe hacer un examen de conciencia para que la liturgia recupere cada vez más la belleza de la música y del canto. Es preciso purificar el culto de impropiedades de estilo, de formas de expresión descuidadas, de músicas y textos desaliñados, y poco acordes con la grandeza del acto que se celebra.
 
Es significativa, a este propósito, la exhortación de la carta a los Efesios a evitar intemperancias y desenfrenos para dejar espacio a la pureza de los himnos litúrgicos: «No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Espíritu. Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo» (Ef 5,18-20)" (Juan Pablo II, Audiencia general, 26-febrero-2003).
 
Música y texto en la liturgia están unidos, son inseparables, con primacía del texto que debe ser claro, inteligible, y la música al servicio del texto litúrgico como lo es el canto gregoriano, modelo de todo canto. La armonía de la melodía, su suavidad y bondad de formas ayudan a orar, contemplar, memorizar los textos de la fe; lo que mueva el cuerpo por su ritmo desde luego no mueve el alma a Dios, por muy buena intención que se tenga al introducir esos cantos con tantísimo ritmo que podrían sonar en una discoteca, en un fuego de campamento, en una catequesis o en una representación teatral.
 
"La música desempeña, entre las manifestaciones del espíritu humano, una función elevada, única e insustituible. Cuando la verdad es bella e inspirada, nos habla más aún que todas las otras artes, de la bondad, de la virtud, de la paz y de las cosas santas y divinas. Por algo siempre ha sido y siempre será parte esencial de la liturgia, como podemos deducir de las tradiciones litúrgicas de los pueblos cristianos de todos los continentes" (Juan Pablo II, Discurso al coro "Harmonici Cantores", 23-diciembre-1988).
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Anónimo
09/05/2012
Eterna asignatura pendiente.
Es totalmente cierto que no toda música religiosa es, ni puede ser, música litúrgica. Como bien apunta el blogger, puede haber música religiosa que sea adecuada en otro tipo de encuentros juveniles, campamentos, catequesis o grupos de oración como los carismáticos, y que sin embargo no sean adecuados para la liturgia, sobre todo para la misa. Y ésto no siempre se tiene en cuenta.

El tipo de instrumentos musicales, siempre que interpreten un tipo de música y canto adecuados a la liturgia y, como se dice en el post, supeditando la música al texto, y se hagan de manera digna y bella, no me parece muy relevante.
El canto gregoriano por supuesto es bellísimo y eleva el alma pero exceptuando algunas piezas, para la mayoría es desconocido y por la dificultad del latín, no es fácil de memorizar y que a posteriori nutra nuestra vida cristiana.

Proponiéndoselo, no me parece muy difícil conseguir un buen coro en una parroquia, sobre todo si se cuenta con la ayuda de alguien que sepa de música y es algo que debería existir inexcusablemente en todas. Pero la eterna asignatura pendiente creo que es conseguir la participación de toda la asamblea a la que el coro debería arrastrar y la música fuera una forma más de oración litúrgica de todos.



José Ángel Antonio
09/05/2012
A mi, si s ecumpliera el Salmo 150, ya me iba bien... ¡más platillos y tambores!.
Si el órgano es el instrumento más adecuado por qué no sale en la lista del Salmo 150 y en cambio sale 3 veces la percusión (dos los platillos, sonoros y vibrantes y una los tambores). Hoy por hoy, casi los únicos que cumplen el mandato de Dios en el salmo 150 son los grupos y misas e Renovación Carismática Católica... En cuanto al ritmo en los cuerpos va directamente ligado a la memorización de los textos... y a la percusión, tan importante en Salmo 150. Muchas declaraciones teóricas chocan luego con la realidad de la variedad de culturas y músicas en una Iglesia universal de 1.200 millones de miembros: música clásica excelente pero que no llega al alma ni el corazón del pueblo, y música pachanga horrenda (o tribal), pero que millones cantan memorizando de corazón y con pasión las letras bíblicas y alimentando su alma.
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Javier Sánchez Martínez
Javier Sánchez Martínez, sacerdote de la diócesis de Córdoba, ordenado el 26 de junio de 1999. Ha ejercido el ministerio sacerdotal en varias parroquias, en el Centro de Orientación Familiar de Lucena (Córdoba) y como capellán de Monasterios. Ha predicado retiros, tandas anuales de Ejercicios espirituales a seglares y religiosas e impartido diversos cursillos de formación litúrgica; asimismo ha publicado artículos en distintas as revistas y colaborado en radio y TV locales.Licenciado en Teología, especialidad liturgia, por la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid), es vicario parroquial de la Trinidad de Córdoba, profesor del I.S.CC.RR. "Victoria Díez" y miembro del Equipo diocesano de Liturgia.

Javier Sánchez Martínez, es autor, editor y responsable del Blog Corazón Eucarístico de Jesús, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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