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Actualizado 5 marzo 2012
Luchas espirituales, luchas materiales

          La lucha espiritual, recibe genéricamente el nombre de lucha ascética. Etimológicamente en griego ascesis, significa ejercicio y por ello, el hombre ha de ejercitarse en la lucha, porque si no se ejercita nunca triunfará. En el Libro de Job, podemos leer una interrogante del paciente santo: ¿No es acaso una lucha la vida del hombre sobre la tierra? (Job 7,1) Desde que nace hasta que muere la vida del hombre es una continua lucha, que solo termina con su muerte, tras la cual, obtendrá la recompensa positiva o negativa de su lucha, de acuerdo con lo que haya sido capaz de amar, al Señor y a sus semejantes.

 

            El hombre es cuerpo y alma, y sus luchas responden a las dos vertientes de su persona. Él ha de sostener luchas, tanto en el orden material como en el espiritual. En el orden espiritual, la lucha es solo una, la que ha sostener para la salvación de su alma, es decir la lucha ascética, si es que el tema de salvar su alma le interesa, pues los hay que llegan al final de sus días, sin haberse preocupado nunca, ni siquiera de saber de que va el tema. En el orden material, el Señor nos dijo: “Y dijo al hombre: Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!”(Gn 3,17-19). Es esta la que podríamos denominar la lucha por la vida, la cual unos aceptan con recto entusiasmo, otros con no tan recto entusiasmo, otros con pereza y dejadez, y los hay también que por otras varias razones, hereditarias, o de otra naturaleza, se pasan la vida sin dar palo al agua, como vulgarmente se indica. Acerca de estos últimos grupos de personas San Pablo escribía: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada, pero metiéndose  en todo. A ésos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan”. (Ts 3,10-12).

 

            Pero además de luchar por la vida, ha habido y hay muchos hombres que han tenido que luchar en guerras, justa o injustas y precisamente esta clase de luchas materiales, que se pueden denominar luchas armadas son las que tienen un gran paralelismo con la lucha ascética, que es siempre de carácter espiritual. Son muchos los exégetas y santos que han acudido a este paralelismo entre las dos clases de luchas, así tenemos por ejemplo el maravilloso libro de siglo XVI del napolitano Lorenzo Scupoli, titulado “Combate espiritual”. San Ignacio de Loyola por su parte acudió a vocablos y figuras militares en su Compañía de Jesús. Más modernamente se ha creado una orden religiosa, con el nombre de “Legionarios de Cristo”. Son evidentes los parangones que se pueden establecer.

 

            En el ejercito, el soldado ha de estar continuamente adiestrándose, y cuanto mejor es su adiestramiento, mayores son sus posibilidades de triunfo y este adiestramiento ha de ser continuo, aunque no haya peligro de guerra, pues un ejercito, ha estar siempre preparado para ir a la guerra, y la mejor forma de evitarla es estar bien preparado para ella. De aquí el proverbio romano: Si vis pacem para bellun. Si quieres la paz, prepárate para la guerra. En la lucha ascética, si se quiere triunfar, el triunfo requiere un continuo ejercicio sin pausa alguna, porque espiritualmente pararse es retroceder. Al hombre le pasa en su vida espiritual lo que al soldado que su vida militar, ella es un continuo ejercicio de adiestramiento y cuanto más se ejercita el soldado mejor combatirá y más seguro tendrá su éxito final.  

 

            En su lucha el soldado para hacer frente a su enemigo, dispone de armas ligeras, generalmente defensivas, y armas pesadas generalmente ofensivas, como por ejemplo las baterías de la artillería. En la lucha ascética, el enemigo es bien conocido, tiene muchos nombres pero por cualquiera de ellos enseguida lo identificamos, sea el de demonio, satanás, maligno, diablo, luzbel, etc… y para repelerlo también disponemos de armas ligeras y armas pesadas. No es lo mismo la potencia destructora de una jaculatoria, que la de un sacramento. El problema de muchos, es de una parte, el desconocimiento de las clases de armas que tiene a su disposición, y el conocimiento de la más adecuada ante cada una de las distintas situaciones en que su enemigo le va a meter. Un sacramental es de categoría inferior a un sacramento, pero el efecto agresivo que contra el demonio tiene un simple sacramental, es enorme.  También es de ver la importancia que tiene el manejo de las armas, que en el caso de la lucha espiritual es la devoción y el amor que pongamos en nuestras prácticas de piedad. El conocido exorcista P. Amorth, cuenta que una vez en un caso de posesión diabólica, empezó por rociar al poseído con aguan bendita y este con una ronca voz, que no era la suya le dijo: Hijo de puta… que me quemas. Nosotros nunca vemos de inmediato, los efectos que producen en el demonio los disparos de las armas espirituales que utilizamos. Una jaculatoria es como una flecha lanzada al cielo en petición de auxilio, es como un disparo de una bala lanzada por un mosquetón, pero cuando en vez de emplearse un mosquetón se emplea una ametralladora, el efecto es tremendamente multiplicado. Lo mismo ocurre con una simple jaculatoria sucesiva y lentamente vocalizada una y otra vez, no hay demonio que lo resista si es que este nos está tentando. La invocación facilita la guarda del corazón, cuando un pensamiento negativo, aflore en nuestro subconsciente, antes de que se haga obsesivo hay que aplastarlo con una jaculatoria repetidamente dicha, a fin de liberarnos de una chispa que puede encender un incendio de ofensas y de pecados.

           

            No podemos extendernos, escribiendo sobre el poder de la oración o de los sacramentos, por lo que sobre esto habrá que escribir una glosa especial, para este tema. La labor de ir ganando la guerra, puede suponer el que perdamos alguna batalla, pero en la lucha ascética la ventaja que existe, es que los efectos de cualquier guerra que podamos perder, se pueden anular en el sacramento del perdón y manteniéndonos siempre en gracia y amistad con el Señor, y así, poco a poco el triunfo final lo iremos consolidando cada día más y más.

 

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

 

Otras glosas o libros del autor relacionados con este tema.

-        Libro. CONOCIMIENTO DE DIOS.- www.readontime.com/isbn=9788461179107

-        Libro. RELACIONARSE CON DIOS.- www.readontime.com/isbn=9788461220588

-        Lucha ascética y mística. Glosa del 20-08-11

-        Lo que no es posible. Glosa del 19-11-10

-        Los mimbres del cesto. Glosa del 22-08-09

-        Vencer al mundo. Glosa del 14-06-10

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RAFAEL ANGEL MARAÑÓN
07/03/2012
VIDA AUSTERA.
La vida austera, es la raiz de nuestras posibiidades de enfrentar la lucha diaria de santificación.
Y por austeridad contemplo comer con medida, el que pueda ayunar un día a la semana, y no hacerle ascos al esfuerzo y a la ocupación.
Es para escribir un libro.
Gracias
En Cristo
Rafael.
Rita Barros
05/03/2012
combates espirituales.
Muy bueno el artículo. Podrían crear una sección dedicada a este tipo de reflexiones que vienen tan bien para superar los embates espirituales que tienen que ver con situaciones como el desaliento, el vacío existencial y tantos otros ataques al espíritu que no se suelen visualizar como tentaciones.

En lo particular me resultan muy positivas las reflexiones y esclarecedoras.
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Juan del Carmelo
Juan del Carmelo no es quien dice ser. O mejor dicho, es quien es, pero prefiere presentarse en su alter ego Juan del Carmelo que no es más que un seglar que, a finales de los años 80, experimentó la llamada de Dios y se vinculó al Carmelo Teresiano. Ha publicado libros de espiritualidad como «Mosaico espiritual», «Santidad en el Pontificado», o «En las manos de Dios» Como lo cortés no quita lo valiente es, además, un empresario de éxito. Y nos acompaña, con sencillez y hondura, desde «El blog de Juan del Carmelo».

Juan del Carmelo, es autor, editor y responsable del Blog El Blog de Juan del Carmelo, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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