Oprah Winfrey, George Bush y Magic Johnson han estado con el chaval que de asistente pasó a anotar triples en medio de la sorpresa y algarabía de todos.
Una. ¡Dos! ¡¡Tres!! ¡¡¡Cuatro!!! ¡¡¡¡Ciiinco!!! ¡¡SEEEIIS!!… Ejem, perdón. Lo que pasa es que no puedo creérmelo. ¡Metió seis canastas en el partido! Sí, claro, no es un número muy grande, pero para él es increíble. Pero… permítanme que les presente a Jason McElwain.
Jason es el ayudante de Jim Johnson, el entrenador del equipo de baloncesto del Greece Athena Highschool, en Rochester, (Nueva York, Estados Unidos). Echa una mano en todo lo que el equipo necesita: traer agua, ir pasando el balón en los entrenamientos, etc. Esto no es nada extraordinario, claro. Pero hay un pequeño detalle, algo perceptible en su mirada: Jason tiene autismo.
El padre de Jason cuenta que su hijo no tiene ningún problema en mostrar sus sentimientos y emociones en los partidos: «Si llegaba a casa después de una derrota, era terrible. Se pasaba todo el día gritando».
El tiempo pasaba y al entrenador Jim se le ocurrió una gran idea. Jason ha dedicado mucho tiempo al equipo, así que le daría la oportunidad de sentir lo que significaba estar en el banquillo y con el uniforme puesto. Lo haría en el último partido de la temporada.
Todo parecía normal. Jason seguía el partido sentado en el banquillo. Pero cuatro minutos antes de terminar, Jim se puso de pie y señaló al número 52: Jason McElwain. Después de haber estado años trayendo agua y pasando balones, iba entrar al campo de juego.
Las dos primeras veces que tiró a canasta Jason falló. Jim rezaba: «Señor, por favor, que haga una canasta». El balón le llegó de nuevo a Jason y tiró… ¡Una canasta de tres puntos! Todo el público gritó entusiasmado: Jason había anotado.
Pero Jason no se dio por satisfecho: terminó metiendo seis canastas de tres puntos: una detrás de otra. Y en cada canasta, todo el público -sus amigos, familiares, incluso los contrincantes- saltaban de entusiasmo. La última canasta, justo cuando sonó el pitido final, causó la locura absoluta. Todos entraron al campo y lo levantaron en hombros.
El tiempo ha pasado y hoy Jason está siendo la inspiración de muchas personas. Incluso gente de renombre como George Bush, Oprah Winfrey o Magic Johnson lo han querido conocer. Incluso ha escrito ya un libro… Su historia, ya está tocando el corazón de muchos:
Jason dice que ser autista a veces le hace sentirse diferente. Pero mientras en esa noche de su primer partido estaba ahí, a hombros y aclamado por todos, se daba cuenta que nunca se había sentido tan diferente, tan increíblemente diferente.
¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
Autismo, Amor y Perseverancia.
son brillantes y debe ser ejemplo para muchas familias q cierran los ojos a las posibilidades de un niño autista, mi hija mayor, cuando le dijeron q su BB era autista , me dijo: mama lo voy a enfrentar desde el Amor, no desde la Lastima y asi ha sido, los progresos de mi Angel, han ido en aumento, gracias al esfuerzo sus padres y todas las demas personas; medico, terapeutas, maestras, es un trabajo de equipo y dar el primer paso, lo demas con la inteligencia de ellos , los especiales, llega en el Momento Perfecto de Dios.!!!!!
Felicidadessss !!!!.
Esto es un paso muy importante para otros niños con autismo... Felicidadessss !!! Un abrazo para tod@s los que han hecho posible esta historia. Bss
CUENTA CON NOSOTROS.
TODOS SOMOS NECESARIOS POR MUY ´´TORPES QUE SEAMOS NO NO DEJEN A UN LADO CUENTEN CON MUCHOS COMO ´´NOSOTROS GRACIAS: t SALUt RAfafelOli
Guay (o como se diga).
Es genial. Me recuerda otra historia que fue llevada al cine -Rudy- sobre un chaval enamorado del equipo rugby (footbal) de Notre Dame. Hizo lo indecible por estar en el equipo y lo consiguió en el último minuto del último partido y anotó el tanto decisivo. brEstas historias son muy ejemplarizantes por los valores que representan; sí estaría bien que lo subieran al cine... y no otra de vampiros.