En la vida, es importante poner en práctica la cultura del ahorro, pues no sería inteligente gastarse todo lo que nos ha caído en el bolsillo. Las religiosas, lo entienden perfectamente, sin embargo, muchas veces, por una mala interpretación del voto de pobreza, rayan en el extremo, buscando ahorrarse todo, sin darse cuenta que, con ello, lejos de crecer y consolidarse, además de poner en peligro a sus instituciones, como colegios y hospitales, pueden caer en el absurdo. Por ejemplo, uno de sus grupos, formado por jóvenes, les pide algún apoyo económico, para poder rentar, el camión, que los llevará a las misiones de Semana Santa, sin embargo, la respuesta es: ¡no!, trayendo a colación, el pretexto de todos los años: “No hay dinero”. ¿Es algo razonable? Si se trata de una comunidad misionera o recién fundada, sí que lo es, pero cuando se debe a una falsa concepción del voto de pobreza, resulta contrario al ejercicio de la misión.
No hay que desperdiciar el dinero, pues cuesta mucho trabajo ganarlo, sin embargo, hay que saberlo administrar, sin dejar de invertir en obras o proyectos que realmente valgan la pena, sobre todo, si son a favor de las nuevas generaciones. Muchas veces, los colegios, en manos de religiosas, no progresan, llegando incluso a la extinción, por el miedo infundado, sobre todo, al momento de hacer crecer el campus, para poder responder, desde una estructura renovada, a los nuevos desafíos que están directamente relacionados con la pastoral educativa. Desde luego, no se trata de actuar impulsivamente, sino de saber discernir.
Las encargadas de la administración de los recursos, es decir, las ecónomas, ya sean a nivel local, provincial o general, deben de tener un poco más de sentido común, además de buscar formarse en cualquiera de las licenciaturas relacionadas, para que la administración de lo mucho o poco que se tenga, favorezca el ejercicio de la misión. Ni caer en el despilfarro, contrario al voto de pobreza, ni exagerar, al punto de rechazar cualquier iniciativa o proyecto apostólico, pues la fe, implica entrega y audacia.