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La fragancia del nardo

Es probable que muchos escépticos (y aun muchos católicos) confundan la naturaleza de esta visita; pero quienes desde luego la conocen sin dubitación son quienes se llaman a sí mismos «ateos».


Actualizado 18 agosto 2011  
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Seguramente sea el Evangelio de San Marcos el más cercano en el tiempo a los hechos que relata; y es, desde luego, el más liberado de florituras literarias, el más «pegado al terreno», con esa sequedad esencial que sólo poseen las grandes crónicas periodísticas. Al principio de su Evangelio, Marcos nos narra con su habitual despojamiento un episodio muy inquietante y revelador. Jesús se halla en Carfarnaún, enseñando en la sinagoga. De repente, un endemoniado se pone a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús manda callar al espíritu inmundo que habla por boca del endemoniado y le ordena abandonar su cuerpo; orden que el espíritu inmundo acata a regañadientes, no sin antes ofrecer el numerito que uno se espera del demonio: «El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él».

Nada más nos dice Marcos; pero en lo poco que nos dice se desprende una enseñanza jugosísima. Pocos fueron los que en vida reconocieron a Jesús: «Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron». La incredulidad o desconcierto de los discípulos de Jesús contrasta, sin embargo, con la lucidez de este endemoniado de Carfarnaún, que afirma sin dubitación: «Sé quién eres: el Santo de Dios». Pocas afirmaciones tan contundentes hallaremos en el Evangelio sobre la identidad de Jesús; mientras la mayoría de sus seguidores se hace la picha un lío —que si Juan el Bautista, que si Elías, que si Jeremías, que si alguno de los profetas—, el endemoniado de Cafarnaún revela un conocimiento sobre su naturaleza digno de un doctor en teología. Y esta misma certeza teológica es la que demuestran, ante la visita de Benedicto XVI a Madrid, los sedicentes «ateos». Es probable que muchos escépticos (y aun muchos católicos) confundan la naturaleza de esta visita; pero quienes desde luego la conocen sin dubitación son quienes se llaman a sí mismos «ateos», pero que en realidad son católicos vueltos del revés: saben que Benedicto XVI es el signo vivo del «Santo de Dios», y reaccionan en consecuencia, como aquel pobre hombre de la sinagoga de Cafarnaún, retorciéndose violentamente y dando gritos muy fuertes. Ciertamente, desde el Cafarnaún que visitó Jesús al Madrid que visita Benedicto XVI muchas cosas han cambiado: ahora ciertos numeritos se ofrecen con aprobación gubernativa, en lo que se demuestra que la filantropía ha avanzado una barbaridad; y también que la teología es una ciencia muy apreciada por nuestros gobernantes, de lo cual debemos congratularnos.

Los «ateos» e «indignados» —en realidad, católicos vueltos del revés— que quieren jorobar a Benedicto XVI pasearán pancartas con el lema: «De mis impuestos, al Papa cero»; que viene a ser una adaptación chunga de aquellas palabras de Judas, en la unción de Betania, cuando contempla con fingido escándalo cómo María, la hermana de Lázaro, derrama una libra de perfume sobre los pies de Jesús, mientras la casa se llena con LA FRAGANCIA DEL NARDO: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Judas, al menos, utilizaba como coartada a los pobres; estos católicos vueltos del revés quieren los impuestos para ellos, reclamación que, si bien se nos antoja poco filantrópica, resulta coherente con la cultura vigente de la subvención y el pilla-pilla. Sólo que estos «ateos» e «indignados» se equivocan de ventanilla en la reclamación; pues la visita de Benedicto XVI les va a costar, en efecto, cero, como sus organizadores se han encargado de explicar con rigor hasta la saciedad, y hasta es posible que de rebote les procure algunas monedillas. Pero la reclamación de estos católicos vueltos del revés, como la queja de Judas en Betania, es hipócrita; pues lo que a los «ateos» e «indignados» subleva de la visita de Benedicto XVI es que los deja en evidencia: al «ateo», porque la fe de la que reniega se manifiesta en su verdadera naturaleza, que no es —como a él, ¡ay!, le gustaría— «ideológica», sino magisterio vivo; al «indignado», porque le muestra el camino verdadero para regenerar el mundo.


Al «ateo» le gustaría que el cristianismo fuese un puro «espiritualismo», una ideología compendiada en un corpus doctrinal, sin cuerpo palpable alguno, que pudiese ser refutada o combatida mediante otra ideología o corpus doctrinal adverso. Pero resulta que es exactamente lo contrario: la predicación de Jesús se llevó a cabo mediante la presencia de un Cuerpo tangible; la presencia de Jesús entre sus seguidores se realiza a través de los sacramentos, que exigen la proximidad corporal y aun el contacto físico; los dones supremos de la fe reclaman el encuentro con el prójimo, la mediación de esta pobre carne perecedera nuestra, magra o rolliza, lozana o arañada por las varices y el cólico de riñón. Y esta carnalidad insultante de la fe halla su expresión más subversiva y escandalosa en la institución del papado, que es la consecuencia más extrema del misterio de la Encarnación y la refutación más apabullante del «espiritualismo», tan querido por quienes «CREEN Y TIEMBLAN». ¡Eso de que un anciano octogenario, un vejestorio que apenas se tiene en pie sea el epicentro de la presencia divina, el tabernáculo de la fe, es en verdad exasperante para el ateo! ¡Y qué decir de esos católicos repelentes, que no se congregan en torno a unas ideas, sino en torno a ese vejestorio de carnes decrépitas y huesos endebles, en cuyo rostro arrugado como una pasa ven el rostro visible del Verbo que se ha hecho uno con nosotros! El «ateo» quisiera que el católico naufragara en un tumulto de abstracciones y consignas doctrinarias; pero hete aquí que su fe se concreta en una caridad filial, juvenil y alborozada, dirigida hacia ese vejestorio, un tipo tan frágil como ellos mismos, tan pecador como ellos mismos, tan pobre hombre como ellos mismos. ¿Cómo no va a retorcerse violentamente y a dar gritos muy fuertes el ateo ante ese Santo de Dios?

¿Y cómo no van a retorcerse y a gritar los «indignados»? Durante meses, se han multiplicado en asambleas babélicas, en manifiestos regados de anacolutos, en utópicos brindis al sol y pronunciamientos abstractos con los que trataban de regenerar —¡ahí es nada!— la política, la sociedad, las finanzas internacionales; y todo su activismo desgañitado se ha revelado huero, chirle y hebén, pese a que los medios de adoctrinamiento de masas y los pescadores en río revuelto los han mimado como a chiquilines emberrinchados. Pero a los «indignados» les ocurre lo mismo que le ocurría a H. G. Wells, según advertía Chesterton: quieren cambiar lo que está mal en el mundo, pero en lugar de empezar por sí mismos, han querido empezar por lo que está fuera de ellos. Sólo cambiando la conciencia personal, dejando que nuestra naturaleza caída se abra a la luz de la Redención, es como el mundo empieza a cambiarse; y esto es, precisamente, lo que el viejo Papa viene a decirnos y a decirles: sólo la adhesión a Jesús —una adhesión concreta, carnal, sin pronunciamientos abstractos ni utópicos brindis al sol— puede regenerar el mundo. A nadie le gusta que lo dejen en evidencia; y por eso la visita de Benedicto XVI indigna tanto a los «indignados».

Un gran escritor católico llamado Oscar Wilde escribió con palabras imperecederas que sirven por todo un tratado de teología lo que el paso de Jesús por la tierra significó: «Era tal el encanto de su personalidad que su simple presencia podía traer paz a las almas angustiadas, y que aquellos que le tocaban la túnica o las manos olvidaban su dolor; o que quienes habían sido sordos a todas las voces, salvo a la del placer, oían por primera vez la voz del amor y la encontraban tan musical como el laúd de Apolo; o que las maléficas pasiones huían ante su proximidad, y que hombres como muertos en sus tediosas vidas sin imaginación resucitaban de sus tumbas cuando Él los llamaba; o que, cuando les enseñaba desde la altura de una montaña, las multitudes se olvidaban de su hambre, de su sed y de las preocupaciones de este mundo, y que cuando sus amigos lo escuchaban mientras comían, la ruda carne les parecía delicada, y el agua tenía el gusto del vino, y toda la casa se llenaba de LA FRAGANCIA DEL NARDO». Esta misma fragancia del nardo, tan próxima, tan concreta, tan carnal, es la que nos trae Benedicto XVI a Madrid. Por eso algunos se retuercen con violencia y gritan muy fuerte. Con aprobación gubernativa, por supuesto, que la filantropía ha avanzado una barbaridad.

abc
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Alejandros
20/08/2011
Muy pronto lo veremos.
Revelaciones del Señor y la Virgen en El Escorial (España) a Luz Amparo

11-12-1.981-(Jesucristo)
La masonería se ha metido en mi Iglesia. El mundo está al borde del precipicio.

12-08-1982-(Virgen Maria)
Yo también sufro. Mira mi Corazón cómo está por esas almas consagradas. ¡Qué falsos profetas! El anticristo está en mi Iglesia. Está entre todos ellos. No se ha dado a conocer.

22-01-1.983-(Virgen Maria)
El Vicario de Cristo está en un gran peligro. La masonería está metida dentro.

05-04-1.986-(Virgen Maria)
El anticristo, hija mía, se apoderará de Roma. Hay muchos secuaces del anticristo; y él quiere sentarse en la Sede. Pedid mucho por mi Hijo, mi Vicario. Es muy perseguido, hijos míos; y el anticristo está cerca para hacerle sufrir, hija mia

1-09-1990-(Luz Amparo)-En una visión:
¡Ay! todas esas frentes están selladas con el 666 y la marca del dragón de las siete cabezas que es el nombre de... (palabra ininteligible). De ahí viene la muerte; de ahí viene la tiniebla; del centro del ojo. ¡Ay! Está Satanás y grita a todos los hombres que Dios no existe, que Dios es mentira, que los hombres engañan a los hombres, que él es el único dios verdadero, que le sigan; y multitud de hombres le siguen. ¡Ay, tiene una gran belleza, ¡ay! para engañarlos y conquistarlos! ¡Se parece a Jesús...!
Francisco Ros
20/08/2011
Gracias.
Juan Manuel de Prada: Muchas gracias, por sus escritos y más todavía por lo que nos transmite de su espíritu,
Yo, también, quiero pedirle como Javier que pueda publicar sus pensamientos en otro periodico, pues en ABC ya no lo puedo hacer.
De nuevo, gracias.
Desde Mexico
Maximiliano
20/08/2011
Felicitaciones. Gracias..
Qué don para escribir. Qué Luz divina se derrama en vos, hermano. Hasta tienes lugar para el humor.
Dios te bendiga.
Javier
19/08/2011
Petición.
Sr. de Prada, leo todos sus artículos no una, sino varias veces, los tengo todos imprimidos, archivados en carpetillas, subrayados montones de veces. Me ayudan y me dan esperanza. Pero ahora a los del abc les ha dado por cobrar para leerle a Ud. y yo no me puedo permitir suscribirme a un periódico solo para leer sus artículos. A riesgo de parecer atrevido y caradura, quisiera rogarle que por favor cambie de periódico, o al menos que los recopile y publique en un libro que pueda comprar. Muchas gracias.
jose manuel ruiz
19/08/2011
sensacional.
sensacional
María
19/08/2011
El Santo Padre levanta ampollas..
Para sorpresa de muchos católicos y de otros que andan en babia, el que más cree en Dios es el demonio, porque el si le ha visto la cara, y muchos de estos ateos no son agnósticos encantadores odian a Dios porque les gusta vivir en tinieblas, y claro como se retorcían en los tiempos de Jesús ahora se retuercen ante la visita del viejecito venerable, porque estos ateos sí saben a quien representa este santo anciano por eso se encolerizan y enferman. Ahí hay muchos sacerdotes y un remedio eficaz es rociarlos con agua bendita.
Alejandros
18/08/2011
Censura.
A propósito querido Juan Manuel, ¿sabes que te han censurado tu articulo anterior ´´Odio a la Iglesia´´?
¿O quizás ha sido por los comentarios?
Cuidate vienen tiempos dificiles.
Alejandros
18/08/2011
3.
Sólo la oración puede llegar a Mí, hijos míos. Vuestra oración y vuestro sacrificio. (Parece decir: YAKOMO, YAKUAKUA GUIKOLA.) Mira si está próximo, hija mía.
Será terrible la calamidad que caiga sobre la tierra. Jamás se ha visto ningún castigo semejante a éste. (Amparo llora amargamente.)
Cuando esto suceda, hija mía, habrá grandes monstruos gobernando y no respetarán los sacros Alimentos de las iglesias. (Amparo llora nuevamente.)
Porque los dictadores del mundo serán verdaderos demonios encarnados y destruirán todas las cosas santas. Martirizarán a mis almas consagradas. Aquellos pocos que queden santos, serán martirizados por las manos de un verdugo, hija mía.
¿Y mi Vicario? Mi Vicario será atormentado (llora Amparo desconsoladamente y repite entre sollozos):
¡Pobrecito..., pobrecito...!
Haced mucha oración y mucho sacrificio, hijos míos. Comunicaos con Dios constantemente. Todavía es la Hora de la Misericordia. Pero, dentro de poco, será la Hora de la Justicia
Alejandros
18/08/2011
2.
Han transformado la tierra, hijos míos. La habéis transformado en escenario de crimen, de envidia y de placer. Hay muy pocos hogares virtuosos, hijos míos. A los hijos se les educa en el escándalo y en la desunión, en el adulterio y en toda clase de vicios, hijos míos. Por eso pido oración, porque en las familias la oración está muerta. (Gime y llora.)
¿Sabéis lo que hace un Rey poderoso y creador? Valerse de dolores y calamidades para poder salvar a las almas; cuando con un solo dedo, como he dicho otras veces, podría hacer arder al mundo entero, me valgo de las almas para purificar a la humanidad, hijos míos, y mando a esta humanidad dolor, calamidad, catástrofes, terremotos, para purificarla, hijos míos.
¡Cuántas veces te he dicho, hija mía, que donde hay dolor no existe el pecado! ¿Sabes por qué? Porque el ser humano se ocupa de su dolor, no se ocupa del mundo. Pero Yo estoy allí. Donde hay dolor, estoy, hijos míos.
Alejandros
18/08/2011
Es la hora de las tinieblas.
Es la hora de las tinieblas. Los demonios rodean incluso al Papa.
Revelaciones del Señor y la Virgen en El Escorial.
25-11-1.984-El Señor:
Soy rey de cielo y tierra.
Los gobernantes, hija mía, muchos de ellos, son demonios encarnados que hablan de paz y están fabricando armas mortíferas, hija mía, mortíferas para morir la humanidad, para destruir varias naciones.
Hablan de paz, pero están haciendo la guerra.
Varias naciones serán destruidas, entre ellas parte de Europa.

01-02-1986-El Señor:
Soy el padre, hijos míos, del Hijo Pródigo, que tengo preparado un banquete para todos aquellos que queráis venir a Mí. Pero ¿qué hacéis, hijos míos? Cuando os llamo, rechazáis mi llamada. Sí, abrís los oídos a Satán, hijos míos, porque él os pone el manjar, el placer; pero ¿sabéis para qué, hijos míos? Para que caigáis en esa trampa maldita y sellar vuestras frentes y vuestras manos y hacerse dueño absoluto de vosotros.
El mundo está corrompido, hijos míos. Los hombres no piensan nada más que en el gozo y en el placer. La carne, hijos míos, es la que lleva muchas almas al infierno. Los pecados de la carne... Pero no escuchan mi llamada cuando grito: Venid a Mí. (Se oye llorar a Amparo.)
Antonio
18/08/2011
Caretas para esconderse detrás..
Sin dudas Juan Manuel de Prada tiene el don de la escritura llena de conceptos claros y buen estilo, y este artículo es una muestra más de eso.
Sí, los rasguidos de vestiduras hipócritas de la progresía anticatólica o también de la seudocatólica, se han escuchado desde lejos, yo la escucho desde la Argentina, queriendo enturbiar calumniosamente el sentido de algo que lo tiene claro, de algo constructivo, superador, integral e integrador, como lo es la Jornada Mundial de la Juventud y la presencia de Benedicto en la misma. Pero para quienes, y de ordinario voluntariamente, no soportan la luz, esa misma luz los deja al descubierto de su poca gallardía, de sus intenciones aviesas.
Juan Manuel lo explica mucho mejor que yo.
Antonio
18/08/2011
Caretas para esconderse detrás..
Sin dudas Juan Manuel de Prada tiene el don de la escritura llena de conceptos claros y buen estilo, y este artículo es una muestra más de eso.
Sí, los rasguidos de vestiduras hipócritas de la progresía anticatólica o también de la seudocatólica, se han escuchado desde lejos, yo la escucho desde la Argentina, queriendo enturbiar calumniosamente el sentido de algo que lo tiene claro, de algo constructivo, superador, integral e integrador, como lo es la Jornada Mundial de la Juventud y la presencia de Benedicto en la misma. Pero para quienes, y de ordinario voluntariamente, no soportan la luz, esa misma luz los deja al descubierto de su poca gallardía, de sus intenciones aviesas.
Juan Manuel lo explica mucho mejor que yo.
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