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74 aniversario del bombardeo de Cáceres por la aviación "republicana": 1937-2011
Actualizado 29 julio 2011  
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Antonio Manuel Barragán Lancharro   

Estado en el que quedó el palacio de Mayoralgo (1937)
 
El 23 de julio se cumplió el 74 aniversario del bombardeo de la ciudad de Cáceres por la aviación roja (o «republicana).

Produjo una auténtica masacre: 35 muertos y muchos heridos que no se han podido cuantificar. Entre estas víctimas estaban las más inocentes, niños de cuatro, cinco, seis y siete años, así como jóvenes y ancianos.

Por supuesto, ni la Universidad de Extremadura con su sección de Memoria Histórica, ni tampoco el Coordinador de la Memoria Histórica adscrito a los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma de Extremadura ni las asociaciones constituidas al efecto no han hecho público un comunicado a la opinión pública del triste aniversario de esta masacre.
Una de las consecuencias de estos bombardeos es que la ciudad de Cáceres se previno mediante un reforzamiento de las defensas. Un ejemplo son los sacos terreros que se pusieron en los soportales de la Plaza como muestra esta imagen.

El bombardeo causó asimismo daños materiales cuantiosos, especialmente en el Palacio de Mayoralgo (actual sede institucional de Caja de Extremadura), cuya fachada se derrumbó.

A continuación se expone un capítulo que informa de estos hechos tomados del artículo elaborado por Ángel David Martín Rubio que lleva por título «El Bombardeo de Cáceres y la aviación en Extremadura durante el primer año de guerra (1936-1937)» publicado en Altar Mayor, Nº. 122, 2008, pp. 1081-1095. Vaya también como homenaje y recuerdo a estas víctimas olvidadas.
 
«El Bombardeo de Cáceres y la aviación en Extremadura durante el primer año de guerra (1936-1937)» por Ángel David Martín Rubio

Palacio de Mayoralgo antes de su destrucción en 1937

La Ofensiva Nacional sobre Vizcaya (del 31 de marzo al 29 de junio de 1937) supuso un duro revés para el Gobierno republicano pues suponía la incorporación a la España de Franco de las zonas más importantes en recursos minerales e industria estratégica. La única manera de evitar este desastre era crear ataques de diversión y quebrantadores contra otros frentes. Tal era una de las razones principales de la primera gran ofensiva de la República, en Brunete (del 5 al 25 de julio de 1937).

Los impactos de metralla en la fachada de la Concatedral

 
Una respuesta secundaria menos conocida fue una campaña de bombardeos contra ciudades de la retaguardia nacional, iniciada poco después del comienzo de la campaña del Norte y antes de los ataques a Durango y Guernica. Por ejemplo, el 12 de abril un avión bombardeó Valladolid y la carga cayó sobre varias casas próximas a la Academia de Caballería y una escuela en el momento en que salían de ella los niños. Murieron 30 personas y hubo 100 heridos, algunos de los cuales fallecieron más tarde. Palma de Mallorca, Granada, Sevilla, Talavera de la Reina, Burgos, Alba de Tormes (Salamanca), Navalcarnero, Segovia, Cantalejo (Segovia), Cáceres, Córdoba, Daroca y Calatayud (Zaragoza), Miranda de Ebro, Granada, Zaragoza… serían, entre otros, las ciudades convertidas durante los meses de abril a diciembre de 1937 en objetivo de la Aviación republicana que causó centenares de víctimas entre la población no-combatiente.
Los impactos de la metralla
La incursión aérea contra la ciudad de Cáceres fue organizada durante la batalla de Brunete que se venía desarrollando en las inmediaciones de Madrid durante el mes de julio de 1937. En la mañana del 23 de julio cinco de los aviones de bombardeo soviéticos llamados Katiuskas sobrevolaron la ciudad sobre las nueve y media de la mañana, descargando sobre su núcleo urbano dieciocho bombas que afectaron a lugares como el Mercado de Abastos, Instituto de Enseñanza Media, Gobierno Civil, Plaza de Santa María, calles Santi Espíritu y Nidos y traseras del cuartel de la Guardia Civil. De poco habían servido las medidas preventivas que se habían tomado días antes de producirse la agresión por parte del Gobernador Militar y del Alcalde. Así, en la Plaza Mayor, la noche del 22 de julio se trabajaba activamente en la colocación de sacos terreros.

Fray Francisco Barbado Viejo

Especialmente dramáticas fueron las circunstancias ocurridas en la Plaza de Santa María. Unos cacereños murieron postrados ante la Patrona pues la Virgen de la Montaña se encontraba en la hoy Concatedral de Santa María; otros cuando abandonaban el Templo y otros al dirigirse a él. El Obispo Fray Francisco Barbado Viejo, con sus ropas manchadas por los cascajos y la sangre de los heridos, se adentró entre las ruinas para confortarlos y auxiliar en los últimos momentos a los más graves. Grave confusionismo reinó también en el Mercado de Abastos por la aglomeración existente en el mismo al estallar en sus proximidades algunos explosivos.
Otros impactos en la fachada de la concatedral de Cáceres
Dos de estas bombas cayeron frente a una de las puertas de Santa María y su metralla cruzada penetró en la Iglesia dejando sin vida o malheridos a todos los que estaban al fondo, por debajo de las pilas del agua bendita; otros murieron en la plazuela; el Palacio de Mayoralgo se vino abajo, como varios edificios de la Plaza y las traseras del Ayuntamiento, con personas muertas o heridas en todos ellos. Quienes eran niños entonces todavía recuerdan el episodio:
Vista del Palacio de Mayoralgo tras su restauración
«A mí, como a otros niños, nos cogió en el colegio de don Ponciano, que nos mandó a casa y con el temor y la curiosidad infantil, atravesamos ese espectáculo dantesco... No se me olvidará la figura del Obispo, el dominico Fray Francisco Barbado Viejo, con su blanco hábito cubierto de sangre, reconfortandoa los heridos, ayudando a todos y dando la «extremaunción» a los muertos; los legionarios escayolados evacuando heridos, y algunos miembros, seccionados brutalmente por la metralla, colgando de la bóveda del palacio de Canilleros, que era cuartel de milicias. En las carpinterías de Cáceres se terminó la madera para hacer ataúdes. Se autorizó a llevar, sin muchos trámites, a los muertos a enterrar a los pueblos de los que procedían... Treinta y tres personas fueron enterradas en el Cementerio de Cáceres, aparte de miembros amputados de algunas otras... y se decretó el silencio oficial por razones de guerra».
Este es vergonzoso parte de guerra republicano.
La información sobre lo ocurrido en Cáceres fue recogida en el Parte Oficial de Guerra en los siguientes términos: «La aviación enemiga, siguiendo su criminal costumbre de bombardear poblaciones indefensas de la retaguardia, sin finalidad militar alguna, ha bombardeado hoy la capital de Cáceres con cinco aviones causando muertos y heridos en la población civil, la mayor parte mujeres y niños. Este criminal proceder obliga a llevar a cabo las naturales y prontas represalias que ya hemos tenido que ejercer en otras ocasiones iguales». El Parte Oficial republicano únicamente afirmaba, con evidente escarnio de la verdad, que se habían bombardeado «diversos objetivos militares en las cercanías de Cáceres». El resultado fueron 31 muertos y 64 heridos, cuatro de los cuales murieron después elevando a 35 el número de víctimas del bombardeo. De éstos 12 eran hombres y 23, mujeres. La víctima más joven era una niña de 4 años y la de más edad un anciano de 87. 14 de ellos pueden considerarse de edad madura, 15 eran menores de 25 años y 6 mayores de 60.
Sospechándose que esta acción formaba parte de un plan previamente trazado por el Gobierno republicano, sospecha que se iba a reforzar al descubrirse en las Navidades de 1937 el proyecto de infiltración en la propia retaguardia cacereña llevado a cabo por Máximo Calvo, las autoridades nacionales reforzaron las defensas antiaéreas en las poblaciones extremeñas más importantes: se crearon refugios, se construyeron trincheras, se implantaron servicios de vigilancia y escuchas, instalándose sirenas que anunciaban de la presencia de aviones. Todo ello ocurría sobre todo a partir del otoño de 1937, afortunadamente los bombardeos republicanos en la retaguardia extremeña descendieron notablemente hasta que tuvo lugar la ofensiva del verano de 1938 en La Serena.

Víctimas del bombardeo «republicano» sobre la ciudad de Cáceres el 23 de julio de 1937

1. Valentín Acedo Cordero (72 años)
2. Juana Presentación del Barco Rodríguez (6 años)
3. Telesfora Barrantes Brillo (45 años)
4. Carlos Blázquez Cercas (7 años)
5. Francisco Bravo Franco (5 años)
6. María Castellano Torres de Castro (41 años)
7. Elia Castellano Vinuesa (32 años)
8. Francisco Duarte Estévez (41 años)
9. Faustino Gallego Gallego (57 años)
10. Alfonsa García Nevado (23 años)
11. Ana Guillén Juaranta (45 años)
12. María Lucero Ríos (4 años)
13. María Macayo Plata (24 años)
14. Ángela Manzano Rubio (50 años)
15. Florencia Martín Fernández-Pedrilla (62 años)
16. Ángel Merino Quesada (36 años)
17. Juan Morgado Panadero (8 años)
18. Cipriano Muñoz Fernández (44 años)
19. José Ojalvo Jiménez (6 años)
20. José Picapiedra Rueda (87 años)
21. Josefa Pulido Prado (24 años)
22. Margarita Quirós Fontán (17 años)
23. Ana Rebollo García (62 años)
24. Francisca Rico Manga (33 años)
25. Fe Rivero Ramos (47 años)
26. Félix Roa Pinto (56 años)
27. Rosalía Rosa Pérez (70 años)
28. Concepción Serrano Gómez (11 años)
29. Gregorio Silveira Jiménez (46 años)
30. Francisca del Sol Rosa (34 años)
31. Luisa Solana Plaza (70 años)
32. Josefa Solís Sobrado (17 años)
33. Purificación Solís Sobrado (24 años)
34. Julia Tornos Gómez (16 años)
35. María del Carmen Tornos Gómez (17 años)

Blog de A. Manuel Barragán-Lancharro
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Foro Historia en Libertad
29/07/2011
Gracias a Luis Juan de Orellana.
Muchas gracias por su testimonio. Si desea hacernos llegar más detalles puede escribirnos a: historiaenlibertad@hotmail.es. Un saludo.
Luis Juan de Orellana
29/07/2011
Mis recuerdos el bombardeo de Cáceres..
Me gustó mucho este artículo. Durante aquellos años vivíamos en Cáceres, yo solo tenía 5 y el bombardeo nos sorprendió desayunando, recuerdo un ruído estrañísimo de motores que me hizo subir corriendo a la terraza para ver que era y nada más abrir la puerta comenzaron las explosiones; bajé corriendo la escalera y nadie, al principio, sabía que pasaba hasta que comenzaron a caer las bombas para el gran susto de todos, cuando se hizo el silencio la gente salió a la calle, mis padres volvieron con trozos de metralla que habían recogido del suelo.
Más tarde hubo sirenas y recuerdo noches en que ibamos a dormir a casas más seguras y más aisladas que la nuestra.
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