El martes 7 de diciembre, primer martes de mes, fue diferente durante la Adoración Nocturna del Tibidabo (templo expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, donde se adora a Nuestro Señor perpetuamente, ubicado en la impactante montaña desde la que se domina Barcelona). Por primera vez en muchísimos años, Ricardo Acero no estuvo presente ni física ni virtualmente; sólo lo estuvo de forma espiritual porque, sin duda, desde el cielo, participó con sus compañeros de turno. Añado lo de virtualmente porque, hace un mes, ya no pudiendo asistir debido a la enfermedad que lo consumió de forma vertiginosa, Ricardo hizo llegar un escrito a sus compañeros de turno para estar con ellos en la Adoración de noviembre. Unas horas después, la mañana del 3 de noviembre, Ricardo partió a unirse con el Padre y, desde entonces, la tierra es un poco más triste y el cielo, si cabe, un poco más feliz.
¡Parece mentira que este mismo verano, tomáramos unas tapas, Juanma Orús y yo, con él, su mujer Loli y su hijo, el Padre Buenaventura, después que éste celebrara misa! Pero ya lo dice el Evangelio en muchísimas citas: “estad preparados, porque no sabéis ni el momento ni la hora”. En el caso de Ricardo, podríamos añadir “ni la rapidez con la que se presenta una enfermedad”. Pero él, definitivamente, estaba preparado…
Ricardo era lector asiduo de Religión en Libertad. De hecho, fue de las primeras personas que apoyaron este sencillo blog, desde el que pude descubrir que era un gran seguidor del Atlético de Madrid. Tras el artículo que dediqué a los colchoneros, después de su triunfo europeo, Ricardo escribió el siguiente comentario:
“Yo soy atlético desde los 7 años cuando Diego Lozano (jugador colchonero en los 50, casado con una prima mía) me regaló un balón ‘de reglamento’ y una camisa”.
Es imposible recordar a Ricardo sin que a uno se le empañen los ojos. De sus cualidades, destacaría su alegría en la vivencia de la fe. Ser católico para él era toda una aventura llena de enormes emociones. Recuerdo una noche, trabajando tarde (eran más de las 2). Recibí un correo electrónico suyo en el que explicaba, con pasión, que acababa de leer la primera encíclica de Benedicto XVI la cual, no os exagero, había visto la luz hacía no más de dos horas.
Mi suegro, docto en la materia de letras, suele repetir a mis hijos que no se es más mayor, sino que alguien es, simplemente, mayor que otro. Con el adjetivo ejemplar pasa lo mismo. Nadie es más o menos ejemplar; lo es o no lo es. Pero, en el caso de Ricardo, me voy a permitir la licencia de decir que ha sido uno de los hombres más ejemplares que he conocido. Porque a uno, desde luego, le gustaría ser un trabajador, un marido, un padre, un abuelo, un amigo… en resumen, un cristiano como fue Ricardo.
¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
Gracias.
Mi padre me animaba a leer tu blog, sabes que el cariño era mútuo, Rafa.Muchas gracias por tu sentido recuerdo. Gracias Javier y Juan Luis por vuestras palabras.brcomentarios
¡Qué tres mosqueteros de Cristo Rey!.
Rafa, felicidades, nunca un homenaje fue tan merecido. A Ricardo le admiábamos y le queríamos muchos. Cada día me sorprendo por ver a gente hablar de él y de lo mucho que aprendieron en sus vidas. Fue un maestro no sólo para su familia sino para muchos de los que tuvimos la suerte de conocerle. Juan Luis, qué razón tienes. Cuando Alfonso se fue al cielo (¡otro de los grandes!), Ricardo tomó su bandera y nos siguió enviando aquellos correos que llegaban tanto a la razón como al corazón. Y Genís, siempre en el recuerdo... ¡Qué tres mosqueteros de Cristo Rey!
Ricardo y sus amigos.
Ricardo, Alfonso... qué grandes han sido los dos!!!! A los dos los llevaré siempre en mi corazón. Y a Genís, aunque lo traté menos, nunca me olvidaré con que cariño, en unos ejercicios espirituales, me daba consejos para leer la Sagrada Escritura... cómo Dios manda
Desde muy pequeño, mis grandes pasiones fueron Jesucristo y el deporte. Las dos las debo a mis abuelos maternos. Mi abuela transmitió la fe a mi madre y ella, a mí. Mi abuelo compró uno de los primeros paquetes de televisión por cable de México y allí me pasé horas y horas disfrutando de deporte a lo grande. El deporte lo empecé a practicar imitando a mi héroe, mi padre, quien por cierto era mucho mejor deportista que yo. No fui un gran atleta, pero me defendía en casi todas las disciplinas y todavía estoy federado en fútbol (entrenador) y ajedrez. A los 15 años, además de jugar tres partidos de fútbol a la semana y dar clases de tenis en Estados Unidos, corrí una milla en menos de 5 minutos y aprobé el curso de socorrista. Ya en el aspecto profesional, en España fui tuerto en país de ciegos, pues hablaba inglés y sabía más de deporte americano que cualquiera de mis compañeros periodistas, muy incipientes en la materia. Gracias a esto, trabajé como jefe de prensa de los Barcelona Dragons, único equipo de fútbol americano profesional que ha existido en España y, tras un periplo en la NBA, volví a los Dragons como director general. Desde que cerró la franquicia (2003), mi contribución al mundo del deporte y las letras ha sido como free lance. Fui el primer no estadounidense en ser miembro del staff de una Super Bowl, trabajé con un Premio Pulitzer para el periódico Dallas Morning News en los Juegos Olímpicos de Barcelona, he colaborado en grandes eventos, como la Copa Davis o el Eurobasket, y he traducido a geniales atletas, entre los que se encuentra Michael Jordan. Sin embargo, mi alegría más grande en el deporte ha sido poder entrenar al equipo de fútbol sala de mi hijo y, más tarde, formar otro para entrenar también a mis dos hijas mayores. En 1995 me casé con Loles, con quien tengo cuatro hijos, Santi, María, Nuria y Blanca: a mis dos grandes pasiones se añadió una tercera, mi familia. En este blog os quiero comentar cuando mis tres pasiones convergen, algo que para mí es como un pequeño anticipo de Cielo en esta Tierra. Rafa Cervera, es autor, editor y responsable del Blog Mi pasión por el deporte, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com