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Actualizado 29 octubre 2010
Trilogía satánica: la verdadera dimensión del problema

La pederastia en la Iglesia cayó como un jarro de agua fría. Años de relativa paz en las iglesias se vieron conmovidos desde los cimientos ante la magnitud del escándalo. Entonces se vio como esta Iglesia nuestra corría como un pollo sin cabeza. “Esta Iglesia” salvo Benedicto XVI y unos pocos. No se sabía que hacer ni cómo. No era más que un síntoma, aún grave, de una Iglesia que llevaba años, décadas, dando palos de ciego.


Y es que el tsunami de la pederastia anegó a un funcionariado clerical que se encontró de golpe con que la marc
a “sacerdote” empezaba a estar mal vista. Los años de cómoda sequía parecía que llegaban a su fin. Irlanda fue un caso paradigmático, la fe del pueblo no quedó conmovida pero sí la confianza en la Iglesia. Algo grave se había quebrado. En el reciente viaje de Benedicto XVI a Inglaterra utilizaron esa “desconfianza” en la institución -que ya había fraguado en la gente de pie- para acosar con violencia y descaro a su persona. No parecía difícil cuando el común de la gente miraba con rencor una institución que había permitido tal escándalo. Que el Papa salió fortalecido de ese viaje es un hecho, y las terribles campañas de acoso y desprestigio, en las que sin falsear los datos se ponía el acento y el punto de mira sólo en los escándalos sacerdotales, parecieron entrar en barrena.

Atrás habían quedado maquinaciones orquestadas desde medios de comunicación –la siempre BBC detrás de todo- dónde lo más llamativo era que parte de esas campañas de acoso venían desde dentro de la misma Iglesia. No tuvieron pudor en hacerlo público Tornieri y Rodari con su último libro Atacco al Papa, pero ya antes Massimo Introvigne lo había declarado reiteradas veces, que el enemigo lo tenía la Iglesia dentro y no fuera. El mismo Papa lo reconocería para escándalo de tantos.

 

"El Señor ha dicho que la Iglesia sufrirá hasta el fin del mundo. Y esto lo vemos hoy de manera particular. Hoy las mayores persecuciones contra la Iglesia no vienen de fuera, sino de los pecados que están dentro de la propia Iglesia." (Encuentro con periodistas en el avión papal, camino de Lisboa, mayo 2010)

 

La mansedumbre del Papa (no encuentro otro calificativo) había desmontado una campaña y había licuado los rencores ocultos de la gente. Sólo faltaba volver a dar confianza a la gente. Pero como decía el secretario del Papa, haciéndose portavoz de una sensación de la Curia romana, el papa Juan Pablo II había abierto los corazones de la gente y Benedicto los estaba llenando.

 

¿Qué estaba pasando? La modernidad actual lo manifiesta sin ambages, que el grave problema del mundo y de la Iglesia es la ausencia de Dios. Ausencia de Dios que necesitaba ser llenada de materialismo, de secularización, de pérdida de sentido trascendente de la vida, de perversión de lo santo. Por ello gritó Pablo VI aquello del humo de Satanás ha entrado en la Iglesia. Lo decía el entonces cardenal Ratzinger con gran claridad:

 

“Después de este camino largo y difícil, hoy nos dice: el verdadero problema de nuestro tiempo es "la crisis de Dios", la ausencia de Dios, disfrazada de religiosidad vacía. La teología debe volver a ser realmente teo-logía, hablar de Dios y con Dios.

 

Metz tiene razón. Lo "único necesario" (unum necessarium) para el hombre es Dios. Todo cambia dependiendo de si Dios existe o no existe. Por desgracia, también nosotros, los cristianos, vivimos a menudo como si Dios no existiera (si Deus non daretur). Vivimos según el eslogan: Dios no existe y, si existe, no influye.

 

Esta había sido la gran mentira de Satanás, no ya que él no exista, sino que el Altísimo tampoco. Y la Iglesia había entrado en ese juego. Había dejado de hablar del enemigo, de las realidades eternas, del estrecho camino que lleva a tal premio, y una vez que el enemigo se silencia, ¿para qué vivir en estado de guerra sin enemigo a la vista? Lo lógico fue lo que pasó: el hedonismo arrasó la Iglesia. Y en ello la pederastia no era más que lógica consecuencia de una humanidad enferma de ausencia de Dios. Sin Dios todos los horrores eran posibles. Y sin Dios el enemigo tenía las puertas abiertas, porque él si que estaba en batalla. Él no duerme.

Al admitir categorías mundanas, poco a poco la Iglesia se mundanizó y, entre otras consecuencias, empezó a tener miedo de hacer público las intervenciones directas de Dios: lo sobrenatural quedó despreciado. Pero es que estas intervenciones no eran pocas, y  sus alertas no iban a la zaga. Una de las más claras vino de la mano de Monseñor Michelini, don Ottavio Michelini. Sus locuciones fueron publicadas con el nihil obstat correspondiente, pero desconocidas y silenciadas, la Iglesia despreciaba alertas nítidas y elocuentes.

 

Ayer te dije que era mi intención ampliar el diálogo sobre mi Iglesia y sobre hechos y cosas que tocan su vida; hoy te digo que uno de estos hechos que interesa mayormente a mi Iglesia, es la cruda realidad de sus más encarnizados enemigos.

 

Es una realidad evidente, claramente revelada, rica de tantísimas señales, confirmada por tantos y dolorosos testimonios y causa primera de todos los sufrimientos humanos, creída y terriblemente vivida por todos los Santos de todos los tiempos y por todos los elegidos, porque no se puede ser Santo, no se llega a ser elegido, si no es cribado y atribulado en el crisol de las potencias oscuras del Infierno. Ahora bien, hoy esta realidad no sólo es puesta en discusión, sino que es hasta negada por Pastores, Obispos y Sacerdotes, que con venenoso celo extienden la incredulidad.

 

Hijo mío, Yo, Verbo eterno de Dios, me propongo volver a afirmar solemnemente la existencia del "tenebroso reino de Satanás" y manifestarte, aunque brevemente, algunas cosas de la naturaleza de esta turbia realidad.

 

Pretendo además confirmarte una vez más que la finalidad del misterio de Mi Encarnación es sólo el de arrancar las almas al Infierno "eterno", creado para quien no ha querido y no quiere someterse a Dios, Uno y Trino, Alfa y Omega de todo y de todos.

 

He hablado de Infierno eterno, hijo, y así es, aunque la presunción humana en su ilimitada necedad tenga la absurda y ridícula pretensión de rehacer o corregir los eternos decretos de Dios. Las provocaciones de los hijos de las tinieblas en efecto han sido y son tales que la Omnipotencia del Padre habría ya severamente castigado a esta ingrata humanidad si hubiera faltado la intercesión de Mi Santísima Madre y las oraciones y penitencias de los justos.

 

He aquí una vez más confirmado lo que te he dicho en precedentes mensajes, publicados en el quinto libro y esto es, que toda la acción pastoral de mi Vicario en la tierra, de los Obispos y de los Sacerdotes trae origen de esta inmutable finalidad: arrancar las almas de las potencias oscuras del Infierno para conducirlas de nuevo a la Casa del Padre Celestial.

 

Hoy, hijo, la casi totalidad de los cristianos ignora a su más grande enemigo: Satanás y sus diabólicas legiones. Ignoran al que quiere su ruina eterna: ignoran la inmensidad del mal que Satanás les hace; en cuya comparación, las más grandes y graves desventuras humanas son una nada. Ignoran que se trata de la única cosa importante en la vida: la salvación de la propia alma.

Ante a esta trágica situación está la indiferencia, a veces la incredulidad de muchos sacerdotes míos. Está la inconsciencia de muchos otros que no se cuidan de su principal deber que es el de instruir a los fieles, de poner los al corriente del peligro de esta tremenda lucha que se combate desde los albores de la humanidad. No se preocupan de educar  a los fieles en el uso eficaz de los medios de defensa, numerosos y a disposición en Mi Iglesia. Tienen vergüenza hasta de solo hablar de ello, temen ser considerados como retrógradas; como ves se trata de verdadero y propio respeto humano.

 

Pero tú sabes, hijo mío,  que si en el ejército un oficial deserta de su puesto de responsabilidad es marcado con el título de traidor y la justicia humana lo persigue. ¿Qué decir entonces de lo que está ocurriendo en Mi Iglesia? ¿No es quizá la más trágica y terrible traición tendida a las almas, el dejarlas a expensas del Enemigo que quiere su perdición?
 

Mi Vicario en la tierra, Pablo VI, no hace mucho tiempo ha dicho que en la Iglesia se están verificando hechos y acontecimientos que no se pueden humanamente explicar, sino con la intervención del Demonio.

 

Hijo, te he hablado de sombras que apagan el esplendor de Mi Iglesia: todo esto es más que una sombra.

 

Si hoy el Enemigo está más arrogante que nunca y domina sobre las personas, sobre las familias, sobre los pueblos, y sobre los gobiernos, en todas partes, ¡es natural!  Tiene el campo libre y casi sin oposición.
 

Cierto que para combatir a Satanás se necesita querer ser santos; para vencerlo eficazmente se necesitan penitencias, mortificaciones, oraciones. Pero ¿no es todo esto mi precepto para todos y en particular para mis consagrados? ¿Porqué no se hacen los exorcismos privadamente? Para esto no se necesitan particulares autorizaciones.

 

¡No, muchos sacerdotes míos no conocen su propia identidad! No saben quiénes son, no saben con qué potencia tan formidable han sido dotados. De esta ignorancia son culpables y responsables. Son exactamente igual que los oficiales de un ejército que desertan de sus puestos de responsabilidad,  haciéndose culpables del caos que de ahí se sigue.  (Locuciones de noviembre de 1978 y octubre de 1975)

 

Podrían parecer duras estas palabras, o más aún, desconectadas de la realidad actual. Y es que esta era la clave: la realidad material quedó desconectada de la realidad sobrenatural, pero más real ésta cuanto es eterna. Se había perdido la verdadera dimensión del problema. Pero la realidad estaba ahí, y sus frutos también.

 

La soberbia que nos induce a querer emanciparnos de Dios, a ser sólo nosotros mismos, sin necesidad del amor eterno y aspirando a ser los únicos artífices de nuestra vida. En esta rebelión contra la verdad, en este intento de hacernos dioses, nuestros propios creadores y jueces, nos hundimos y terminamos por autodestruirnos.” (Cardenal Ratzinger, Via Crucis, viernes santo 2005)

 

 

 

x cesaruribarri@gmail.com

 

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cesar uribarri
01/11/2010
respuesta a José Manuel Campos Gallardo.
En cierto modo lo entiendo al revés: que estando el ´´pensamiento no católico´´ tan extendido (como dijo Pablo VI) la caridad manda señalar el pecado, no el pecador, no vaya a ser que ´´oyendo entienda y vuelvan su corazón al Señor´´.
José Manuel Campos Gallardo
01/11/2010
Corrección Fraterna.
Sí los propios Papas están persuadidos de que ´´el enemigo está dentro´´, ¿por qué no hacen una investigación interna, por qué no acusan, delatan, denuncian a los culpables, por qué no llaman al orden y a la obediencia a los cardenales, obispos, sacerdotes rebeldes? ¿No saben quiénes son? ¿Se tapan entre ellos? ¿Son cómplices entre sí? No me parece responsable tanto señalar el pecado y no acusar al pecador, sobre todo cuando ya es manifiesto ante varios testigos que el pecador no se corrige... Hay que exponerlo a la comunidad de fieles.brMateo, 18, 15-20: ´´En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.´´
Isabel
29/10/2010
Rosa: es el Anticristo.
Rosa: en efecto, la verdadera Iglesia de Cristo tiene los ojos vendados y convive sin saberlo con la iglesia de Satanás -la masonería- a la que tiene dentro de casa. Ésta es el anticristo, que se ha manifestado de tantas formas (crucifixión de nuestro Señor, Santa Inquisición, Pederastia, etc,etc). En los proximos años la veremos casada con el Anticristo de la política persiguiendo a los santos. Pero detrás se manifestará el Señor.

Respuesta del Blogger: qué sea o quién el anticristo es atrevimiento decirlo. Ahora bien, cierto que estos tiempos son muy oscuros, cuanto que se ha oscurecido la verdad, pero no creo que haya que esperar algunos años, sino que se lo digan al ex juez Ferrin Calamita.
Rosa
29/10/2010
La masonería eclesial, ahí está, dirigiendo a la Iglesia.
César: el enemigo está fuera y dentro de la Iglesia. Los ataques que vienen de fuera los vemos venir, pero los que vienen desde dentro de la Iglesia, desde la misma jerarquía, desde el mismo Papa (te recuerdo que fueron Papas los que pusieron en marcha la Inquisición (que en este momento es la Congregación para la Defensa de la fe que presidió hace unos años el actual Papa). Mediante ese instrumento del Anticristo, se persigue y asesina a los santos. Por eso, en tu posición, ten cuidado no te veas persiguiendo, junto con los consagrados masones, a Jesús. Según explicó el Señor a Michelini, el cuerpo visible del anticristo, la masonería eclesial, ahí está.

Respuesta del Blogger: que haya masones en la Iglesia, no entro ahora, pero no debemos mezclar churras con merinas, el problema actual es la pérdida de las verdades de siempre, la Inquisición es un problema distinto y no estoy tan seguro de que fuera tan pérfida. Hablo de una Iglesia pronta a despreciar las verdades que la Iglesia siempre ha defendido. Ese es el drama, no otro.
pedro maese
29/10/2010
LA SOBERBIA CIEGA.
Esta es la verdadera tragedia de Nuestra Iglesia: que algunos ´´grandes´´ pastores no se han dado cuenta de los acontecimientos que estamos viviendo y no esta obedeciendo al Santo Padre único sendero que debemos seguir. Mucha es su ignorancia aunque se consideren sabios y postule que están en la Verdad, pero son fácil presa del enemigo de las almas. Y solo tienen una sencilla solución que es la volver de verdad a los sacramento y para ayudarse de ello tienen el Santo Rosario y horas ante la Eucaristía. Mientras no den este paso no hay solución. Y nosotros los seglares ayudarle con nuestras oraciones y mortificaciones.
Hay mucha mentira en nuestra sociedad, mucha oscuridad en nuestra inteligencia y mucho amor propio. Y nos falta sencillez, caridad verdadera y humildad para llevarla en nuestra bolsa de peregrinos.
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César Uribarri
Nació en Madrid mi cuerpo, porque mi alma debió venir de Ávila, o cuanto menos allí tengo mi corazón, en esas calles empedradas de caballeros y de santos, en la siempre mística y guerrera. Y como la Santa gusto decir, mirando atrás en mi vida, “misericordias Domini, in aeternum cantabo”, porque misericordia sobre misericordia el Señor me ha bendecido en mi mujer y en mis hijos quizá justo por mis desmerecimientos. Pero estas son las cosas del de Arriba, de las que no me quejaré ni levantaré proceso. Y para que no se dijera que uno decide (que en cuanto he decidido todo me ha salido rana, y en cuanto me ha venido dado -principalmente mis amores, que no he elegido sino sólo secundado- puedo ver la misericordia del Señor) fui embarcado sin pretenderlo (¿o sí?) en el estudio de los signos de los tiempos y los hechos extraordinarios con los que gusta jugar quien no encuentra otro modo de llamarnos hacia Sí. De aquello surgieron varios libros (y los que surgirán si Dios da fuerza, inteligencia y paciencia) y el claro convencimiento de que todo es paja, humo, nada -aunque bien se nos pega en el cuerpo- y que estas glorias del hombre están hoy edificadas sobre un barro pronto a caer. No es nada nuevo, que ya lo lloró nuestro Señor al entrar por última vez a Jerusalén “y te abatirán al suelo a ti y a los hijos que tienes dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo de tu visitación”.

César Uribarri, es autor, editor y responsable del Blog No quedará piedra sobre piedra, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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